jueves, 20 de mayo de 2010

Malos tiempos para el espiritu

Desde hace tiempo casi sin darme cuenta, me fui acercando al camino de la sanación, lo sagrado, lo divino. Inspirado por los libros de Carlos Castaneda, Paolo Coelho y otros escritores. Tenia un sentimiento o una intuición de que existía un nivel superior de la consciencia, otra forma de mirar la vida, una vida más completa. Dando tumbos avanzando un paso y retrocediendo cuatro buscaba esa conexión con lo divino, lo elevado. Con el tiempo y sobre todo después de conocer la ayahuasca lo empecé a ver más claro, incluso a experimentarlo directamente en fugaces momentos que con el regreso a la vida cotidiana se van diluyendo.
Una cosa que descubrí es que implica mucha responsabilidad. No solo el hecho de consumir ayahuasca o participar en ceremonias, eso sólo sirve para darte cuenta de esa gran responsabilidad ante la vida. Aunque no hagas nada de esto esa responsabilidad existe igual, solo que nuestra ceguera no nos permite verlo y necesitamos ciertos vehículos para comprender a donde llega y el mal que hacemos unas veces de manera inconsciente, otras no tanto.

Incluso sabiéndolo a ciencia cierta es fácil incurrir en el error. Sabiendo que no lo debemos hacer, cuantas veces hacemos daño con nuestros actos y nuestras palabras, cuantas veces nos descubrimos teniendo pensamientos inadecuados, cuantas veces nublamos nuestros sentidos y nos dejamos llevar por su mal uso, por los miedos, los prejuicios, la rabia, el egoísmo, la envidia, los celos. Muchas veces a pesar de lo que ya tienes aprendido vuelves a caer en viejos errores, en las mismas trampas de siempre. Es fácil perderse, desviarse o salirse del camino recto, retroceder o incluso rendirse y abandonarlo. Según vas teniendo mayor grado de conocimiento, también mayor es el grado de implicación, también más duras las recaídas y más costoso retomarlo y recuperar el rumbo. Es complicado porque uno mismo se traiciona y engaña. Vivimos un mundo de mentiras sobre todo porque nos mentimos a nosotros mismos. No siendo sinceros con nosotros mismos y coherentes dificilmente lo vamos a poder ser con los demás.

Esto se complica aún más cuando nos relacionamos con los demás. Esa si que es una dura batalla. Si contra uno mismo es difícil cuando entran en juego los demás el reto se vuelve complicado en extremo. Podemos creer que lo tenemos muy claro cuando se trata de enfrentarse con nuestros propios errores y defectos. Pero ahí afuera hay un mundo que está pensado para todo lo contrario al camino de la impecabilidad. Interesante palabra. En el mundo de fuera nos encontramos espejos y pruebas sin fin, todos los días del año, a todas las horas del día. Cuando has visto el camino se te caen las vendas de los ojos, el contacto con lo divino es altamente vinculante, no se vuelve a ver el mundo, a uno mismo o a los demás de la misma forma. Eso a veces te induce al aislamiento o a seleccionar y limitar mucho con quien te relacionas. Te puedes encontrar facilmente haciendo juicios o marginando a los que no ven el mundo como tu. A sentir que estas en un nivel por encima del resto de la gente, caer en la prepotencia, la falta de humildad, de comprensión, la arrogancia.

El tener una visión elevada aumenta los riesgos de que por si tiene la coexistencia en el mundo, tanto como la responsabilidad por esos actos. El tener un grado de elevación aunque sea pequeño, sobre todo si es pequeño te puede inducir a sentirte superior, a querer ser guia y maestro de todo el mundo, a querer cambiar a los demás en contra de su voluntad, cambiar y luchar contra todo el mundo. Por otra parte el mantenerte al nivel de los demás encierra cierto peligro. Si bien dejas que cada uno haga su vida y que encuentre su camino por si, si quiere, claro. A veces por no destacar, por ser aceptado, por evitar malas caras, burlas y rechazo, por ser otro más y estar al nivel de los demás, sin querer te acabas saliendo de la ruta trazada.

El hablar de amor incindicional, decir que es el único camino, hablar de un dios o algo superior aunque no sea en el sentido cristiano, el rechazar estímulos y entretenimientos banales, no usar palabras inadecuadas, incluso el ser feliz y no sufrir de forma innecesaria y masoquista, en este mundo en el que vivimos te puede suponer toda clase de palos. Comentarios en bajo o a tu espalda, risas y burlas, rechazo, marginación, desprecio violencia o incluso el internamiento en un psiquiatrico o que como mínimo te tomen por loco, que te consideren un  débil, un mojigato o un puritano. Aunque mantengas el tipo y trates de ignorarlo poco a poco te va minando, te derriba, te hace retroceder, te tienta a desistir y darlo todo por perdido. Te invita a dejarte arrastrar por la corriente, a olvidarte de llegar a tu meta, intentar olvidar lo aprendido, dejarlo pasar. Sólo que con eso no vas a lograr nada ya llegado a un punto, al revés, si te rindes seras terriblemente desgraciado, una cosa es actuar en el desconocimiento, inconsciente de tus razones y lo que implican tus actos, palabras y pensamientos. Otra muy diferente es cuando sabes lo que hay y la responsabilidad implícita en ese conocimiento. Puedes llegar incluso a maldecir el momento en el que decidistes tener consciencia real del mundo, de iniciar el camino, haber aceptado la responsabilidad que implica la clarividencia, la impecabilidad. Afortunadamente tengo claro que sólo hay un camino y tiene una sola dirección: hacia adelante siempre. Tener presente eso me ayuda a superar las dudas y los miedos, me da la seguridad que voy bien por donde camino a pesar de las zancadillas, las caídas y los tropezones.


Gracias a Ana Rematxa por sus consejos, ánimos y soporte este texto está inspirado y dedicado a ella, también a toda la gente que quiero y por la que a veces sufro viéndola sin rumbo. Aho.

1 comentarios:

Ana.Rematxa dijo...

Queridísimo hermano...
Todo, absolutamente todo lo que pone en este texto me llega al Ser, al Corazón y resuena en mi interior...
Un millón de gracias y todo mi reconocimiento para tu intento impecable.

Ahó, Madre Tierra te AMA

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